Ya no era difícil para Juliana Gresham ocultar sus pensamientos. La Liga,-y Paul, le habían enseñado bien. Ahora, ella alzo la vista hacia el impasible rostro de este hombre de mirada dura y sintió un escalofrío que sacudió su alma más que su cuerpo. Él aún era alto, el cabello engañosamente más claro, pero no informal. Sus ojos azules eran espejos que reflejaban el mundo, pero nunca sus propios pensamientos. Atractivo, masculino, él tenía una nariz fuerte y una mandíbula cuadrada con una hendidura en el centro.
Pero él era un extraño ahora.
Esa no siempre había sido una ventaja para él, un joven pensando en otros lugares, inquieto por su futuro. Había intentado ser su amiga pero él había mantenido una distancia entre ellos que nunca había entendido. Su partida había provocado una falta de protección, la cual ella había notado hasta que casi fue sido demasiado tarde.
Ella se sentía algo disgustada de que Paul no hubiera notado su feminidad, pero rápidamente enterró esto bajo el orgullo de sus habilidades para el engaño. Sus compañeros Bladesmen no se podían permitir pensar en ella como una mujer y asumir que era débil. Ella había hecho una solemne promesa a sí misma de que nunca llegaría a ser atrapada en una relación con un Bladesman, esto sólo perjudicaría su estatus en la Liga.
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