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Posts etiquetados ‘Nueve reglas que deben romperse cuando tienes un romance con un libertino’

Callie había pensado que esta noche sería diferente.

Ella había esperado que la fiesta de compromiso de Mariana y Rivington fuera perfecta. Y lo fue, cada centímetro de la habitación había sido pulida hasta que brilló, los pisos y ventanas, las enormes arañas de cristal y los apliques de la pared que contenían miles de titilantes velas, las columnas de mármol que se alineaban en un tramo de la habitación, evidenciando la característica más impresionante de Allendale House, un corredor en el piso superior que permitía la visión del salón de baile, el cual les permitía a los invitados que tuvieran necesidad de un respiro, encontrar uno sin tener que abandonar el salón de baile.

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Callie se despertó tarde, una instantánea sensación de aprensión se agitaba profundamente en su interior. Por unos breves instantes, sus turbulentos pensamientos fallaron en precisar la razón de aquella extraña sensación, hasta que los acontecimientos de la noche anterior empezaron a surgir, haciéndola terriblemente consciente. Ella se sentó repentinamente en la cama y permaneció inmóvil, los ojos muy abiertos, con la esperanza de que toda la noche hubiera sido un sueño salvaje, ridículo.

No tuvo suerte.

¿En qué había estado pensando al ir en medio de la noche a la Casa Ralston? ¿Ella realmente se había presentado delante del marqués de Ralston en su dormitorio? ¿Le había hecho una propuesta al libertino más notorio de Londres?

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Callie observo el carruaje de alquiler marcharse por la oscura calle, dejándola completamente varada.

Ella soltó un pequeño suspiro de desaliento mientras el ruido de los cascos de los caballos se desvanecía a la distancia, sustituido por los latidos de su corazón y el correr de la sangre en sus oídos. Tendría que haber comenzado con el whisky. Y ciertamente no debería haber tomado tanto jerez.

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Entonces, con un estallido de lágrimas ella corrió directo hacia él, y envolvió los brazos alrededor del cuello de Ulises, y besando su cabeza dijo:

“He aquí, ya tienes convencido a mi corazón, por muy inflexible que sea”

Y en su corazón despertó aún más el deseo de llorar, y lloró, sosteniendo en sus brazos a su querida esposa y la verdad de su corazón.

Callie Hartwell hizo una pausa en su lectura, y libero un profundo suspiro de satisfacción. El silencio se hacia parte de la biblioteca de la Casa Allendale, a donde ella había escapado horas antes en busca de un buen libro. En opinión de Callie, un buen libro requería una historia de amor perdurable… y a Homero entregado.

¡Oh, Odiseo, pensó ella emotiva, dando vuelta una página amarillenta del libro encuadernado y enjugándose una lágrima perdida. Veinte años más tarde, de vuelta a los brazos de su amor. Un merecido reencuentro si alguna vez había leído alguno.

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El incesante golpeteo lo despertó.

Él lo ignoró en un principio, el sueño nublaba la fuente del irritante ruido.

Hubo una larga pausa y un espeso silencio cayó sobre el dormitorio.

Gabriel St. John, marqués de Ralston, recibió la luz de la madrugada que se deslizaba sobre la habitación decadentemente amoblada. Por un momento, él permaneció inmóvil, registrando los ricos matices de la habitación, con paredes cubiertas de seda y cantos dorados, un deslumbrante refugio de placer sensual.

Alcanzando a la exuberante mujer junto a él, una media sonrisa apareció en sus labios mientras ella curvaba su cuerpo dispuesto, desnudo contra el suyo, la combinación de la temprana hora y la carne caliente lo devolvió al borde del sueño.

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