AMOR POR LA TARDE
LISA KLEYPAS
Extracto capitulo 19
Christopher suponía que debería tomar como una mala señal que luego de dos semanas él se sintiera completamente cómodo alrededor de sus futuros parientes políticos. Considerando que una vez los había evitado por sus peculiaridades, ahora buscaba su compañía, pasando casi todas las noches en Ramsay House.
Los Hathaway peleaban, se reían, y sinceramente parecían apreciarse unos a otros, lo cual los hacia diferentes de cualquier otra familia con la que se hubiera encontrado Christopher. Estaban interesados en todo, en nuevas ideas, rn inventos y descubrimientos. No había duda de que la inclinación intelectual de la familia era el resultado de la influencia de su padre, Eduard.
Christopher sentía que la feliz, a menudo caótica, familia estaba haciéndole bien, a diferencia del estruendo de Londres que no lo había logrado. De alguna manera los Hathaway, con todas sus aristas, estaban puliendo los fragmentados sitios de su alma. Le agradaban todos ellos, especialmente Cam, quien actuaba como el líder de la familia, o de la tribu, como él se refería a ellos. Cam era una presencia calmante, tranquila y tolerante, guiando a los Hathaways ocasionalmente, cuando era necesario.
Leo no era tan accesible. A pesar de que era encantador e irreverente, el borde afilado de su humor le recordaba, con cierta incomodidad a Christopher, su propio pasado cuando él a menudo había hecho bromas a costa de otras personas. Por ejemplo, aquella observación que había hecho una vez acerca de que Beatrix pertenencia a los establos. Lo cual aún no recordaba haber dicho, salvo que, lamentablemente, sonaba exactamente como algo que él hubiera dicho. Entonces no había comprendido plenamente el poder de las palabras.
Los últimos dos años le habían enseñado algo diferente.
En el caso de Leo, sin embargo, Beatriz le informo a Christopher que, a pesar de su lengua afilada, Leo era un hermano afectuoso y leal. “Vas a encontrar que es muy agradable”, dijo ella. “Pero no es de extrañar que te sientas más a gusto con Cam, ambos sois unos zorros”
“¿Zorros?”, había repetido Christopher, divertido.
“Sí. Siempre puedo decir qué tipo de animal sería una persona. Los zorros son cazadores, pero no dependen de la fuerza bruta. Son sutiles e inteligentes. Les encanta ser más ingeniosos que el resto. Y aunque a veces van muy lejos, siempre les gusta regresar a un hogar confortable y seguro”
“Supongo que Leo es un león”, dijo Christopher en un tono seco.
“Oh, sí. Dramático, demostrativo, y él odia ser ignorado. Y a veces te va a hacer algún comentario. Pero bajo las garras afiladas y los gruñidos, él sigue siendo un gato”
“¿Qué animal eres tú?”
“Un hurón. No podemos dejar de coleccionar cosas. Cuando estamos despiertos, estamos muy ocupados, pero también nos gusta estar quietos durante largos períodos de tiempo”. Ella le sonrió. “Y los hurones son muy cariñosos”
Christopher siempre se había imaginado que su hogar sería administrado con orden y precisión por una esposa apropiada que se encargaría de supervisar cada detalle. En su lugar, parecía que iba a ser una esposa que andaría en pantalones mientras que los animales vagaban, avanzando torpemente, furtivamente, o a saltos a través de cada habitación.
Estaba fascinado por las habilidades de Beatrix en cosas en que las mujeres generalmente no eran competentes. Ella sabía cómo utilizar un martillo o una herramienta para cepillar madera. Cabalgaba mejor que cualquier mujer que él hubiera visto en su vida, y posiblemente mejor que cualquier hombre. Tenía una mente única, una inteligencia producto de la combinación de recuerdos e intuición. Pero cuanto más aprendía Christopher acerca de Beatriz, más percibía la profunda sensación de inseguridad en ella. La percepción de ser diferente a menudo la predisponía hacia la soledad. Él pensaba que esto quizás tenía algo que ver con la prematura muerte de sus padres, especialmente de su madre, la cual Beatriz había sentido como un abandono. Y tal vez en parte era resultado de que los Hathaway habían sido empujados a una posición social para la cual nunca habían sido preparados. Ser parte de la clase alta no se limitaba a acatar un conjunto de reglas, esta era una forma de pensar, de cómo comportarse uno mismo y de cómo interactuar con el mundo, lo cual tenía que ser inculcado desde su nacimiento. Beatriz nunca adquiriría la sofisticación de las jóvenes quienes habían sido instruidas en la aristocracia.
Esa era una de las cosas que él más amaba en ella








