DARK SLAYER
Christine Feehan

Ivory sacó un arma de peligroso aspecto, circular, con el centro de cristal y extendió sus brazos.
“Ahora”, llamó ella a la manada.
Los lobos saltaron en el aire, insertándose en su espalda. Ivory ya se estaba internando, directamente hacia abajo, con las manos delante de la cara como un nadador olímpico, cambiando de forma mientras ella iba empujándose a través de la tierra para seguir el camino que dejaba el gran gusano que arrastraba a Razvan al fondo.
Mírame a mí. A mí. Estoy contigo.
¡No! Vuelve. El no puede tenerte.
Tampoco puede tenerte a ti. Ivory bloqueó todo lo que sucedía en la superficie. Gregori lucharía contra las mutaciones de Xavier y liberaría al príncipe; él tenía que hacerlo. Ella tenía un deber, y era con su compañero. Mantenerlo fuera de las manos del gran mago.
Yo no puedo cambiar de forma y huir.
Has visto al gusano, criado para viajar por la tierra. Una vez que sus dientes se encuentran en el centro, retiene tu forma. Ella lo sabía. Había extraído ese veneno para utilizarlo con su propia combinación de sustancias químicas para cubrir con éste sus armas y así evitar que los vampiros cambiaran de forma. El no puede tenerte. No luches. Permanece muy quieto para que te inyecte menos veneno. Mantén tu mente en la mía. Tienes que confiar en mí.
Ella lo sentía, quedándose totalmente quieto. Tenía que tomar mucho valor no luchar contra el gusano que lo arrastraba aún más profundamente bajo la tierra. Era más fácil para el gusano atravesar su túnel, ya tallado a través de las capas de tierra mientras se dirigía de vuelta con su maestro para entregar su premio. Razvan tenía que saber a donde y a quien lo llevaba el gusano, pero dejó de luchar.
Razvan nunca había sido capaz de confiar en nadie una vez que su padre murió y su hermana estuvo perdida para él. Darle eso a ella, poner su vida, no, su alma en sus manos. Tenía que ser nada menos que alguna clase de renacimiento por fuego porque nunca antes había puesto él su alma en las manos de alguien.
Confío en ti.
Tomaría confianza. Luchar contra un gusano era muy peligroso. Prácticamente todo en el gusano era venenoso. Los pinchos que le recorrían el cuerpo para cavar y propulsarse adelante y atrás por el túnel, la lengüeta en el final de la cola que golpeaba, todo contenía el mismo veneno que los colmillos y la doble fila de dientes serrados. La cola misma podía romper cada hueso del cuerpo de un guerrero. El cuero era duro y podía cortar una mano o el brazo si lo rozaba.
Cierra los oídos, Razvan. No puedes escuchar. El sonido será molesto para ti. Era la única manera que podía pensar para describirlo, pero tenía que ralentizar al gusano, desorientarlo. Con el túnel ya excavado, podía deformar el tiempo con alarmante velocidad. Cuando te suelte, tendrás sólo unos segundos para expulsar el veneno de tu cuerpo y poder cambiar de forma. Tienes que estar preparado. Sólo segundos. Tenía que confiar en que él se daría cuenta de la urgencia en ella y obedecería.
Con el cuchillo en una mano, los brazos extendidos hacia Razvan, los ojos fijos en él, ella comenzó a cantar.
“Llamo al elemento del aire utilizado para el sonido.
Tamborileo al corazón del malvado que excava por el suelo.
Tono, armonía, combino y alineo.
Lucho atacando la deformación de la mente del malvado”.
Las notas que ella utilizaba estaban entonadas para vibrar y desorientar, provocando vértigo y pérdida de tiempo en el gusano. La tierra respondió a las notas discordantes de la orden. La cadencia de su canción continuó, pero los tonos de Ivory se alteraron, cambiando las vibraciones de la tierra para que llegaran a estar sintonizadas con la tierra circundante, atrayéndola hacia adentro hasta que empezó a desplomarse y rellenar el túnel. La onda de sonido atravesó la tierra. El suelo se estremeció, tembló. La tierra llovió por todas partes alrededor de ellos.
Sigue mirándome. Ivory seguía moviéndose hacia Razvan, impulsándose por el largo y ancho agujero. Recuerda, expulsa el veneno fuera rápidamente cuando el gusano te suelte.

