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The Edge of Night

Jill Sorenson

April 2011,
Romantic Suspense

En una calurosa ciudad de California en la frontera mexicana, un crimen brutal empuja a una joven madre y a un idealista policía hasta el borde de la pasión, y más allá.

Para mantener a su pequeña hija, April Ortiz hace lo que tiene que hacer, lo que significa servir mesas con una escasa vestimenta en un popular club nocturno en una zona infestada de pandillas de Chula Vista. Cuando una de sus compañeras de trabajo es violada y asesinada, April hace lo que ella sabe que no debe, que desafía el código del barrio, dando a la policía el nombre de un leal miembro de una pandilla.

El pulcro policía Noah Young quiere una oportunidad para resolver este caso más que nada en el mundo, eso hasta que conoce a la inolvidable April Ortiz. Cuando April le da a Noah una pista, una chispa se enciende. Como el fuego entre ellos amenaza con arder fuera de control, ambos son arrastrados más allá de los oscuros misterios de las calles llenas de grafitis, burlados por un enloquecido asesino que podría atacar de nuevo en cualquier momento.

Reseña

Cuando abrí el libro no esperaba nada más que otra típica novela de suspenso romántico con un héroe de policía y su heroína. En cambio lo que conseguí fueron personajes creíbles, un entorno único que presenta problemas reales, y el relato que unió todo esto para crear una historia que no quería terminar.

Noah Young, un oficial de la unidad de pandillas en la fronteriza ciudad de Chula Vista, California, quiere tarde o temprano ascender a la división de homicidios. Cuando él descubre el cuerpo de una mujer asesinada en una zona dominada por pandillas, Patrick sabe que puede ser su oportunidad de impresionar a su probable supervisor si asciende dentro de la policía. Una vez que le dan la oportunidad de hacer algo de trabajo en la investigación, se aferra a esto y consigue un golpe de suerte cuando la camarera April Ortiz, compañera de trabajo de la víctima, en secreto le da un nombre. Mientras que la pista es muy útil, el oficial Young no puede evitar la distracción que la señorita Ortiz provoca en su mente.

Abril es un sobreviviente que lucha por ofrecerle a su hija una cierta seguridad en una zona plagada por la violencia de las pandillas. La madre soltera trabaja a tiempo completo, va a la escuela, y lo maneja mejor que puede. Lo que no necesita es atraer una atención no deseada sobre sí misma, ayudando a la policía, aunque sabe que debe hacerlo con el fin de evitar que otros de sean heridos. Sin embargo, ella no cuenta con sentirse atraída por Noah, el primer hombre por el que realmente siente algo desde que su abusivo ex-novio fue a la cárcel, y la atracción la aterra.

Mientras se produce otro asesinato y las circunstancias parecen estar relacionadas con las pandillas, ellos se preocupan al verse involucrados y tanto Noah como April enfrentan problemas que podría poner en peligro la floreciente relación. Cuando la ética y las lealtades familiares de la familia presentan problemas, ellos tienen que averiguar si esta vale la pena o no.

El escenario de la historia es único, así como la reflexión. No creo que haya leído otro libro en el que las actividades de pandillas sean básicamente un personaje por derecho propio. La política de la cultura de las pandillas retratado en el libro son fascinantes, pero me hizo sentir casi una sensación de desesperanza el estilo de vida. Además, Abril es hispana americana y encontré la mezcla de culturas como una pausa refrescante de lo que normalmente encuentro en los libros.

Lo que realmente diferencia la historia de otras es la caracterización, y no sólo la pareja principal. Afortunadamente, no hay un multimillonario, ni un macho alfa con una venganza, o un glamoroso ejecutivo a la vista. Noah es un joven policía que sabe que tiene mucho que aprender y que comete errores. También es un hermano que no puede resolver los problemas de su hermana, pero está dispuesto a ayudarla en todo lo que pueda. Lo más importante es que quiere una relación que sabe que va a ser difícil. April, por el contrario, quiere dejar atrás su desastroso pasado y criar a su hija, a quien siempre pone en primer lugar en la historia. Ella también es realista, insegura, lo que cual la hace más creíble.

Dentro de la historia, hay un romance secundario que se desarrolla entre la hermana de Noah, Meghan, y Eric, miembro de una banda conectada a April. Casi me cuesta admitirlo, pero he disfrutado de sus escenas más que los de la pareja principal. Sentí que llegué a conocerlos mejor y que había una conexión más profunda entre los personajes. Ellos son gratamente románticos y me dolía el corazón por ambos.

EXTRACTO CAPITULO 1

En la ciudad de Chula Vista (condado de San Diego, EEUU), las murallas recién pintadas eran algo común.

El área densamente poblada, situada entre el centro de San Diego y la parte alta de Tijuana se encontraban tan cerca de la frontera que prácticamente estaban en México. La mitad de los anuncios publicitarios que se extendían por encima de las atestadas calles estaban en español. Aunque el nombre de la ciudad, era literalmente traducido como “bella vista”, la mayor parte de la gente del barrio se jactaba de lo contrario. En una sofocante tarde de sábado, el aire reflejaba el calor y los gases. Una fina capa de suciedad, cortesía de la constante contaminación, cubría cada señal de tráfico.

Desde el lugar en que el Oficial Noah Young se encontraba sentado, en el lado del pasajero en un coche patrulla, la única vista era de una larga fila de vehículos que se movían lentamente.

Y de muralla a muralla con grafitis.

Noah descifro los nuevos mensajes con una facilidad casi inconsciente, tamborileando con los dedos en el muslo. Era sólo su segundo año en la unidad de pandillas, y su quinto como oficial de patrulla, pero ya comprendía los símbolos mejor que su compañero, el Oficial de rango superior Patrick Shanley. Patrick había pasado casi tres décadas en el Departamento de Policía de Chula Vista y todavía no se había molestado en aprender español.

Mientras esperaban que cambiara el semáforo, Noah dirigió su mirada hacia la acera, inspeccionando a los peatones en actividades ilegales.

Media cuadra adelante, dos muchachos de cabello oscuro se subieron sobre una valla metálica y se dejaron caer sobre el pavimento. La valla rodeaba una antigua escuela primaria, cerrada desde hace mucho tiempo. Ahora era un escondite de pandilleros.

Los muchachos notaron el coche patrulla al mismo tiempo. Intercambiar una mirada de preocupación, comenzaron a caminar en dirección opuesta, los hombros juntos, la cabeza baja.

Noah supuso que eran ocho o nueve. Demasiado jóvenes para estar sin alguien que los orientara, lo suficiente mayores como para meterse en problemas. “Deténgase”.

Patrick le dirigió una mirada impaciente. “¿Por un par de grafiteros?”

“Ellos no son grafiteros”. No le habría sorprendido, porque había visto a niños de kínder con latas de aerosol, pero ninguno de estos niños tenía una mochila. Sus actitudes no implicaban necesariamente culpa, tampoco. Había un montón de otras razones para desconfiar de los policías en esta zona. Situación legal, actitudes culturales, desconfianza en general.

“Sólo dame un minuto”, dijo él de todos modos.

Con cierta renuencia, Patrick hizo sonar la sirena y con un movimiento brusco el vehículo se detuvo en la acera. Noah espero que los muchachos avanzaran a toda prisa, entonces no perdió el tiempo. Él salió del vehículo y alcanzó a los muchachos en tres zancadas, sin darles oportunidad de correr.

“Espérense, por favor”, dijo él en español, sosteniendo su palma hacia arriba.

Ellos se detuvieron y lo observaron, arrastrando los pies sobre la acera caliente. Un par de ojos marrones se dirigieron rápidamente hacia el coche patrulla, la concurrida calle, la valla metálica. Sus rasgos eran tan similares, que tenían que ser hermanos.

“¿Adónde van?”, preguntó Noah.

“Al mercado”, dijo el hermano mayor, con un tono lleno de orgullo y desprecio. Hablo inglés, imbécil.

Noah sonrió con comprensión. Su español era bueno, y mejoraba día a día, pero nunca sería perfecto. Él prefería hacer sus interrogatorios en inglés”¿Por qué acortaron camino a través del patio de la vieja escuela?”

“Para ahorrar tiempo”.

Él dirigió su siguiente pregunta al muchacho más joven, porque parecía más asustado, y menos inclinados a mentir. “¿Qué vistes ahí?”

El muchacho no respondió.

“Nada”, su hermano instigándolo, dándole un codazo en las costillas.

“Nada”, murmuró él en español, pasando de un pie al otro. Ya sea que estaba experimentando algún tipo de aguda ansiedad, o que desesperadamente tenía que orinar.

Con 1,88, Noah era demasiado alto para mirar a la cara a este pequeño muchacho. Por lo que apoyó las manos sobre sus rodillas y se agachó, quedando a la altura de él. La mirada del muchacho se llenó de temor. “¿Qué vistes?”

“Una mujer”, susurró.

Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Noah. “¿Era bonita?”

La cara del muchacho palideció. Él hizo un sonido extraño y bajo en su garganta. Noah dio un salto hacia atrás justo a tiempo para evitar que sus zapatos fueran salpicados por lo que parecía ser un helado de naranja regurgitado.

“¿Dónde está?”, Noah le preguntó al hermano mayor, sintiendo que su propio estómago se sacudía.

“Por la escalera”.

Patrick debió haber decidido que la improvisada investigación tenía su mérito, porque dejó la comodidad del coche patrulla con aire acondicionado. Noah no estaba de acuerdo con todas las convicciones personales de su compañero, pero él apreciaba su apoyo profesional.

En la calle, ellos se cuidaban las espaldas el uno al otro.

Noah le hizo un gesto a Patrick para que vigilara a los muchachos mientras él pasaba delante de ellos Subió la valla rápidamente, teniendo cuidado de no enganchar la correa de su pistola en la valla, y se dejó caer al otro lado. Él había patrullado la zona antes, así que estaba familiarizado con la distribución general. Las salas eran individuales en cada uno de los pisos de los edificios y espaciados uniformemente. Este tipo de diseño era típico de las escuelas del sur de California.

En este momento, a principios de agosto, había unos calurosos treinta y cinco grados Celsius. El sudor caía entre los omóplatos de Noah, humedeciendo su camiseta. Su uniforme era azul oscuro, la pesada tela parecía atraer el sol y retener el calor.

Una ligera brisa agitaba el cabello corto de su nuca al entrar en el sombreado pasillo y esperó unos segundos para que sus ojos se acostumbraran a la luz.

Las escaleras estaban al final del pasillo, entre dos edificios administrativos. Un estacionamiento cercado al otro lado de los edificios probablemente era el lugar por el cual entraban los menores. La suela de goma de sus zapatos hacía muy poco ruido a medida que avanzaba.

Todas las paredes por las que él paso estaban cubiertas de grafitis. Debido a que el área era tan retirado y los artistas tenían todo el tiempo del mundo, muchas de las imágenes eran minuciosamente detalladas. Noah reconoció algunos de los trabajos por el estilo en sí mismo. Un prolífico dibujante, que firmaba todas sus piezas con una desconcertante e minúscula, podía haber hecho una respetable vida pintando murales o con el diseño gráfico de camisetas.

En su lugar, utilizaba su talento para destruir la propiedad del condado.

Noah ignoro los coloridos diseños y se centró en el pasillo oscuro, avanzando de manera constante La incómoda sensación desde que había captado una breve mirada a los asustados ojos de los menores lo acosaba a cada paso.

¿Qué le esperaba al final de la escalera?

Noah desabrochó su pistolera y flexionó los dedos, dejando que su mano derecha sobre su Glock. A juzgar por las reacciones de los muchachos y el vómito en la acera, él estaba a punto de encontrar un cuerpo muerto.

Cuando llegó a la final de la escalera, un par de zapatos aparecieron a la vista. Zapatos negros de lona planos. Tamaño de seis o siete, de mujer.

El estomago de Noah se revolvió ante la visión. Su hermana pequeña usaba zapatos como esos.

El resto del cuerpo estaba oculto por el costado del edificio, pero podría decir que ella yacía de espaldas, inmóvil. Mantuvo su mano cerca de su arma de fuego.

“¿Señora?”

No hubo respuesta. Ni siquiera un tic.

Noah bajo los escalones, su pulso acelerado. Después de hacer una rápida revisión de los alrededores para asegurarse de que estaba sola, volvió su mirada hacia la mujer caída. E inhalo en una respiración fuerte y dolorosa.

Sus piernas estaban desnudas, su falda de mezclilla se encontraba levantada hasta la cintura. Estaba brutalmente expuesta. Una camisa de franela rota colgaba de su torso delgado, y los mechones de su largo cabello negro serpenteaban a través de su cuello. Una bolsa de plástico transparente, el instrumento de su muerte, cubría su cara. Tenía la boca abierta, congelada en un silencioso grito.

El asesino la había observado asfixiarse mientras la violaba.

Noah se alejó de la espantosa visión, tragando saliva. Sus ojos se humedecieron y sus manos cerrados con fuerza en tensos puños.

La mayoría de los cadáveres que había visto no eran víctimas de homicidio. Había tropezado con algunos muchachos sin hogar, yaciendo en sus propios residuos. Los conductores ebrios insertados dentro de los vehículos destrozados. Había encontrado cadáveres hinchados y carne quemada.

Como policía de la unidad de pandillas, también había ayudado en una serie de investigaciones sobre homicidios, por supuesto. Miembros de la pandilla asesinaban a miembros de otros pandilla sobre una base regular. Era trágico, pero no inesperado. Los hombres violentos encontraban finales violentos.

Esta vez era diferente. Más retorcido, más inquietante.

Asesinar a un miembro de la pandilla rival era incorrecto. Violar y estrangular a una joven inocente era… perverso.

Se oyó una voz a través de la radio en la cintura de Noah, sorprendiéndolo. “Oficial Young, código cuatro”, dijo Patrick. Se trataba de una consulta directa de su situación.

“Código cinco”, respondió él con voz ronca por la emoción. Miró a la mujer y se aclaró la garganta, tratando de endurecerse. “Tenemos un DB, mujer latina, adolescente o alrededor de los veinte”. Había un pequeño bolso tirado en el suelo a su lado, pero Noah no lo toco. “Esta es para Santiago, otra vez”.

Víctor Santiago era el mejor detective de homicidios en el departamento. El antiguo compañero de Patrick y su actual némesis.

“¿Tenemos un 187?”, preguntó Patrick.

“Y un 261″, dijo Noah.

Patrick se quedó en silencio por un momento. No había crimen más atroz que el asesinato con violación, a no ser que esto implicara también a un niño. Noah no estaba seguro de que no lo hubiera, en este caso. La bolsa de plástico ocultaba parcialmente el rostro de la muchacha, y él sólo podía adivinar su edad.

“Copié eso”, dijo Patrick, cortando la comunicación para dar aviso a la central telefónica del departamento de policía.

Por un período indeterminado de tiempo, Noah hizo guardia sobre el cuerpo. Sabía que debía tratar de analizar las pistas y la búsqueda de motivos, pero su mente estaba confundida. También se sentía inestable sobre sus pies. Lo mejor que podía hacer era quedarse y no comprometer la escena.

Después de un par de respiraciones profundas y lentas, recupero la compostura lo suficiente como para estudiar su entorno. Los edificios abandonados eran un lugar de encuentro perfecto para delincuentes de poca monta, y Noah sabía que los miembros de las pandillas frecuentaban el lugar. Había varios puestos de fácil, vigilancia e incluso esquinas más oscuras para ocultarse.

Una figura agazapada podía esperar en las sombras, sin ser visto.

La pared que se encontraba detrás del cadáver estaba marcado CVL # 1, una etiqueta común en este barrio. Los Locos de Chula Vista (CLV) habían reclamado el patio del colegio, y muchas otras zonas próximas, como su territorio. Eran la banda más habitual en la ciudad.

Noah volvió su mirada hacia la muchacha, haciendo un esfuerzo para evaluar cualquier evidencia visible. Su rostro estaba desencajado, el cabello enredado y oscuro. Era delgada, pero sin desarrollar. Su estructura era delgada, como la de un adolescente. Su ropa parecía barata.

De mala calidad, fáciles de romperse.

Ella no tenía heridas defensivas, por lo que podía decir, pero sus brazos y piernas estaban llenos de pequeñas llagas rojas. Parecían auto-infligidas, posiblemente por rascarse compulsivamente. Se trataba de un desagradable efecto secundario de varias drogas diferentes de las calles, incluyendo crack de cocaína y cristales de metanfetamina.

Los signos de la adicción y la edad adulta, no aliviaron la tensión en el estómago de Noah. El abuso de drogas era una conducta arriesgada, como la prostitución, y quizás esto la había hecho vulnerable a los ataques. Pero no había nada que ella pudiera haber hecho para justificar su asesinato. Nadie merecía morir así.

En unos momentos, un médico forense del condado, el fotógrafo de la escena del crimen, y los técnicos que analizarían las evidencias llegarían a la escena. El resto de la tarde transcurrió en una nebulosa. Noah siguió vigilando, en parte porque era como una esponja, absorbiendo diferentes procedimientos y técnicas, sino también porque se sentía protector de la víctima.

Él quería que ella fuera tratada con el máximo respeto.

Cuando uno de los detectives de homicidios subió cuidadosamente la cremallera de la bolsa de plástico, Noah sintió que sus hombros se relajaban. El Detective Víctor Santiago se presentó ante él. “¿Un par de jóvenes la reportaron?”.

“No exactamente, señor”, dijo Noah, dirigiéndole a Santiago toda su atención. “Los pasar sobre la valla y los perseguí”.

Santiago estaba cerca de la edad de Patrick, y era su polo opuesto. El cabello rubio de Patrick era tan corto y escaso que parecía blanco. El típico irlandés robusto, él era vistoso, corpulento, y franco. Un hombre grande con una gran boca.

Por el contrario, Santiago tenía una fuerza tranquila que Noah admiraba más. Él tenía cabellos oscuros y piel olivácea. A pesar de sus gafas de montura de color negro le daban un aspecto académico y era varios centímetros más bajo que Noah, él marcaba una fuerte presencia. No usaba palabras o gestos en exceso, ni tampoco tenía unos kilos de peso extra.

También dirigía un equipo altamente capacitado y competente, y Noah quería estar en éste.

Patrick, quien había ayudado a asegurar la escena del crimen, se marcho junto a Noah.

Santiago miró hacia atrás y hacia adelante entre ellos. “¿Es esto lo que haces en GU en estos días? ¿Persigues a niños?”.

“Por lo menos, perseguimos a alguien”, dijo Patrick, tirando la correa de su pistola. Con su considerable volumen, él no podía atrapar a un muchacho. “Es difícil hacerlo detrás de un escritorio”.

Santiago ignora la burla. Los detectives de Homicidios pasaban mucho tiempo en la oficina, pero ellos también tenían uno de los trabajos más exigentes, más prestigiosos en el departamento. “¿Por qué los detuvisteis?”, le pregunto a Noah.

Noah frunció el ceño, tratando de identificar una razón en particular. “No sé”, dijo, encogiéndose de hombros. “Simplemente parecían asustados”.

Los ojos oscuros de Santiago eran fríos, penetrantes. Noah deseó haber pensado en algo más explicito que decir. “La víctima es Lola Sánchez, de 23 años”, dijo Santiago, entregándole una licencia de conducir en una bolsa de plástico. “¿La has visto por aquí?”.

Noah estudió el bonito rostro de la fotografía. “No”, dijo él, entregándosela a Patrick.

“Ella tenía algunos artículos personales en su bolso”, continuó Santiago. “¿conoces a algún distribuidor que pase el tiempo aquí?”.

“Nadie viene aquí, excepto los del CVL”, afirmó Patrick, devolviéndole la licencia a Santiago. “Y los niños demasiados estúpidos para saberlo mejor”.

“Voy a necesitar tu unidad para que nos ayude”, dijo Santiago. “Hemos encontrado una tarjeta en su cartera del Club Suave. El gerente dice que ella trabajaba allí. Tenía turno la noche anterior”.

Noah parpadeó un par de veces con sorpresa. No podía creer que Santiago los dejara participar en una investigación tan importante. Este era, por lejos, el crimen más cruel que jamás había visto. Su pulso se aceleró ante la idea de atrapar al bastardo que lo hizo. Nunca había estado más dispuesto a ser parte de un caso.

Patrick simplemente esperó por instrucciones, impasible.

“Entrevista a sus compañeras de trabajo. Consigue las cintas de vigilancia. Quiero saber acerca de sus conexiones con las pandillas, con quien estaba saliendo, y si ella se marcho con alguien la noche anterior”.

“Sí, señor”, dijo Noah, con los hombros rectos.

Santiago los despidió con un gesto.

Después de una última mirada a la pequeña figura en la bolsa sellada, Noah se dirigió hacia la valla metálica con Patrick. Ésta había sido cortada para facilitar el acceso. Pasaron a través de una apertura, abriéndose paso por la calle, y subiéndose al coche patrulla.

“¿Tienes que besar su trasero?”, le preguntó Patrick.

“¿Tienes que irritarlo?”, le respondió Noah.

Se sumieron en un silencio incómodo. Noah entendió que Patrick se sentía amenazado por Santiago y alcanzaba hasta la rivalidad profesional. La carrera de Patrick se había estancado, mientras que Santiago había sido ascendido, promovido en las filas.

Noah quería tomar la misma dirección en el departamento, y él no iba a permitir que Patrick, o cualquier otra persona, se interpusiera en su camino. La unidad de pandillas veía mucha acción, y él estaba en buena forma. A diferencia de Patrick, él podría ganarles una carrera a pie a los criminales en la calle. También disfrutaba de la interacción con los jóvenes, tener una presencia visible en la comunidad, y mantener a los vecindarios seguros.

Pero lo que más quería Noah era resolver los puzles. Él había sobresalido en español y en descifrar los símbolos de los grafitis, quizás porque ambos idiomas tenido un discreto conjunto de reglas y símbolos, piezas que encajaban para crear significado.

Él esperaba que estas ventajas dedujeran bien el homicidio. Noah había previsto solicitar su ingreso a esa unidad en unos pocos meses, después de completar los cinco años requeridos en la patrulla.

Y Patrick lo sabía.

“Bien”, dijo su descontento compañero, por fin, “supongo que no hay ningún problema en entrevistar a las muchachas de Suave”.

Noah sonrió con ironía. El Club Suave solía ser un establecimiento para striptease. Ahora, debido a problemas con las licencias y las leyes de edificación, sólo era un popular bar de solteros. Por lo que había oído, la música era ruidosa, las bebidas baratas, y las camareras llevaban muy poco.

“No hay ningún problema”, murmuró, mirando por la ventana de pasajeros. Durante los últimos minutos, el atardecer se había apoderado de la ciudad.

2011 RITA Finalistas Mejor Primer Libro

La RWA es una entidad que presenta y otorga los premios más importantes en Estados Unidos, entre ellos los RITA. Es el más prestigioso de los premios de novela romántica. Cada año en julio se reunen vistiendo sus mejores galas.

Les entregamos el siguiente post con algunos de los finalistas de la clasificación Premio al Primer Libro 2011. En post siguientes iremos entregando un breve resumen de cada uno.

  • Enemy Within de Marcella Burnard:    

Después de que un tiempo en prisión arruino su carrera militar, la ex capitán Ari Idylle se pregunta que la mantiene viva. Enviada a la expedición científica de su padre para terminar un doctorado que no la entusiasma, Ari no tiene intención de sentarse en silencio detrás de un escritorio. Irónicamente, el destino cumple con entusiasmo sus deseos cuando unos piratas asaltan el barco de su padre y ella una vez más se encuentra cautiva. El líder de los piratas, Cullen Seaghdh no puede ser quién pretende ser, pero en lo que a Cullin se refiere, lo mismo pasa con Ari. Su anterior encarcelamiento la hacen poner en punto muerto los suspiros de Cullin.  

Si a ella no ha sido sometida a un lavado de cerebro y devuelta como un espía, entonces Ari debe ser la parte de la alianza traidora que pone en peligro billones de inocentes. Cullin no puede permitir el deseo que ella trae a la vida en su interior. Él no se detendrá ante nada, incluso matar a Ari para descubrir la verdad.

  • Firestorm de Kelly Ann Riley:

Después de una llamada anónima en los Ángeles que le dice a la bombero Kitty McGuire que su difunto padre está siendo investigado por asesinato., ella regresa a casa a Pine Lake. Tiene un mal comienzo con el jefe de bomberos Lucas Tanner cuando ella irrumpe en la cabaña de su padre. Decidida a demostrar que su padre es inocente, ella convence a un reacio Lucas para que la ayude con la investigación. Sin embargo, pronto se hace evidente que alguien no quiere los verdaderos detalles del incendio en Wildcat Ravine y las muertes que este provoco fueran dadas a conocer, poniendo la vida de ambos en peligro.

  • I Now Pronounce You Someone Else de Erin McCahan

Bronwen tiene una teoría largamente sostenida de que ella realmente fue cambiada al nacer. Esta  es la única manera en que ella puede explicar la diferencia entre ella y su familia, especialmente a su distante, rubia madre (un hecho que llama a gritos a través de las páginas cada vez que Bronwen la llama “Madre” en lugar de mamá). Su padrastro es aceptable, sin embargo, a pesar de su omisión para adoptarla oficialmente después de la muerte de su padre. Y su hermano, llamado Jesús, está lejos en la universidad y realmente no está demasiado malo, siempre y cuando Bronwen recuerde ser sumisa ante del modo en que su madre lo hace.

Cuando Jared Sondervan entra en la vida de Bronwen, ella piensa que finalmente ha encontrado a la persona y, la familia, que la comprende. Jared puede ser cuatro años mayor, pero ellos se enamoran, y Bronwen rápidamente se encuentra acogida por su cariñosa familia y los amigos de ensueño de él. Por fin es parte de una familia que habla abiertamente, se ríe en voz alta, y aman a los demás sin condiciones, a diferencia de la suya, en la que el noticiero de la noche es el único tema seguro de conversación y un viaje anual para teñir el color marrón del cabello de Bronwen a rubio (para que coincida el de su madre) es la única actividad que las une. No pasa mucho tiempo para  que Bronwen se encuentre completamente inmersa en la familia Sondervan, sintiéndose plenamente aceptada a pesar de sus peculiaridades. Y muy pronto, ella y Jared se comprometen, y Bronwen no podría estar más feliz. O al menos eso piensa ella.

  • The Iron King by Julie Kagawa 

Meghan Chase munca ha encajado en su colegio en un pueblo pequeño, y ahora, en visperas de su cumpleaños número 16, descubre por qué. Cuando su medio hermano es secuestrado, Meghan es arrastrada a un mundo fantástico que ella nunca imagino- el mundo de las hadas, donde todo lo que ves intenta comerte, y Meghan es la hija del rey de las hadas de verano.

Ahora ella viaja a las profundidades del mundo de las hadas para hacer frente a un enemigo desconocido…y pedirle ayuda al principe de invierno que podría matarla tan pronto como ella qoque su corazón de hielo. Publicado en http://ebooksid.com/iron-king-julie-kagawa

  • Pieces of Sky by Kaki Warner   

En una diligencia que viaja a través de territorio de Nuevo México, Jessica Thornton está muy lejos de las frías nieblas y exuberantes jardines de su Inglaterra natal. Una autora y modista, que lleva el peso de un escandaloso secreto, una vergüenza horrible que le ha traído a Occidente en una desesperada búsqueda de la única familia en quien puede confiar: su hermano.

Nadie preparo a Jessica para el calor y las dificultades. Y nadie la preparó para un hombre como Brady Wilkins. Porque, a pesar de la apariencia tosca del ranchero y de sus propias dudas, Jessica debe poner su vida en sus manos después que se estrella la diligencia.. Y ella comienza a ver al hombre detrás de las manos callosas y del ingenio cáustico. Un hombre lo suficientemente fuerte para hacerse un hogar en el desierto, lo suficientemente valiente como para luchar por sí mismo y lo suficientemente apasionado para restaurar su fe en sí misma y en su corazón.

  • The Summer of Skinny Dipping by Amanda Howells

    Después de que su novio la dejó, Mia Gordon, de 17 años esta ansiosa por pasar un relajante verano en los Hamptons con sus glamorosos primos. Pero cuando llega, sus primos son distantes, enojones y sus vidas van demasiado rápido. Mia se encuentra más sola que nunca. En eso conoce a su vecino de al lado, Simon Ross. Simon no es como los engreídos fiesteros por los que sus primas se obsesionan; él es gracioso, artístico y completamente aventurero. Y desde la primera vez que convence a Mia de ir a nadar desnudos, ella es atrapada por una corriente imposible de resistir.

Howells tiene un dominio de la palabra escrita que fluye con facilidad a través de la página y es un placer de leer. Su escritura invita a la trama, a  la vida de los personajes y  la creación,  el exuberante entorno de Southampton en el verano. Su escritura evoca el paisaje  que ella está describiendo, para que tengas una sensación muy física de la arena, el mar, el aire marino, el calor del verano, la sal en la lengua, el sabor de los mariscos. Howells no solo te habla acerca de este lugar. Ella te lleva allí.

Howells hace un trabajo magistral para crear personajes interesantes, de múltiples dimensiones, así, y a pesar de tener muchas oportunidades de caer en caricaturas (estamos hablando sobre  gente lo suficientemente rica como para pasar sus veranos en Southampton), Howells hábilmente evita este escollo.

Sus personajes tienen capas y dilemas auténticos, intrigantes,  y tal vez ninguno más que el  encantador muchacho de al lado, Simon.

ATRAPADA POR SU TOQUE

MEREDITH DURAN

Extracto capitulo 13

El expreso a Londres llevaba sólo unos pocos pasajeros a esta hora de la mañana. Un estudiante universitario con un mechón de cabello sobre la frente, observaba soñadoramente una carta cuyos márgenes estaban cubiertos con corazones. Una madre con una ruidosa niña, quien le dirigió a James una sonrisa mientras él pasaba. Un canoso profesor con el ceño fruncido ante la última traducción de Heródoto. Y, por último, la mujer en el banco de mohair verde frente a él. Ella no había pronunciado ni una palabra desde que se sentó. Abotonada hasta la garganta, con una mano apoyada sobre la pared para resistir el balanceo del coche, Lydia Boyce difícilmente parecía amistosa.

En otro momento, y con otro humor, él le habría hecho bromas por ello. Pero la buena voluntad lo estaba evitando. No había dormido más de una hora. Poco después del amanecer finalmente había abandonado la cama para dar un paseo. La había encontrado en el vestíbulo, dándole órdenes a un lacayo para que preparara el carruaje. Esa mujer, con quien había estado la noche anterior, cuyos muslos se habían estremecido bajo sus besos, pretendía marcharse sin despedirse. Eso lo enfureció.

“Escapando sin acompañante”, había dicho él con sarcasmo. “No sólo es algo cobarde, sino también temerario diría yo”.

Ella lo había observado durante un largo momento, frunciendo ligeramente las cejas, como si estuviera tratando de enfocarlo bien. Él se había preocupado.

“¿Extravió sus anteojos?”. La pregunta había sonado como una burla, pero sólo para ocultar una preocupación tan seria que parecía ridícula. Ella difícilmente podría tomar el tren sola si no podía ver bien. “No hagas esto”, había dicho James. “Quédate y háblame”.

Para su sorpresa, un rubor se había extendido a través de las mejillas de él. Ante eso, cerró la boca con más fuerza que una ostra. Estúpida charla de colegiales.

“Lo siento”, había dicho ella, pensativa. “Debo volver a la ciudad. Un asunto urgente, me temo. Hablaremos en otro momento, cuando tenga las ideas más claras”.

¿Así que ella escapaba y posponía la charla hasta que le conviniera?

“Hablaremos ahora. Estoy de acuerdo en que no estás pensando con claridad. No estás en condiciones para viajar sin acompañante”.

De la nada, ella había sonreído.

“¿Piensas en mí como una flor de invernadero? ¿Después de todo esto? Manejo los asuntos de mi padre, Sanburne. Me atrevo a decir que puedo tomar un tren sola también”. Y luego, con una fría inclinación de cabeza, se había girado y había salido de la casa.

Durante todo un minuto James había permanecido allí, observándola con la boca abierta. Ella se lo había advertido una vez: Poseo el talento para hacer una salida memorable. Pero él no la había escuchado. La opinión que tenía de ella era muy similar a un castillo de arena: se mantenía con la constante necesidad de una reparación. ¡Oh, vanidad! Independiente de los motivos que hubiera tenido para estar con él, ciertamente había supuesto que él era uno de éstos. Pero ante el sonido de la puerta al cerrarse, él comprendió una verdad que no se había molestado en considerar durante la noche. Aparte de unas horas de diversión y un escolta ocasional a través de los peores lugares de la ciudad, ella no quería nada de él.

La incredulidad lo impulso tras ella. Él era atractivo, rico y agradable. Heredero de un título y de una gran fortuna. Como resultado, las mujeres iban tras él con ambiciones concretas. Por consiguiente, la última vez que se había acostado con alguien que no deseaba nada más que su compañía había sido a los dieciséis años, con una mujer que tenía treinta, la aburrida viuda de un amigo de la familia. Un encantador interludio, sí, pero él repentinamente no estaba tan seguro de que sus ventajas aún  le resultaran interesantes.

Él la había seguido hasta la estación de trenes y había comprado un boleto de regreso a la ciudad.

La observaba ahora, sentada muy rígida frente a él. La lluvia era un débil y distante siseo bajo el fuerte golpeteo de las ruedas al pasar sobre los rieles de las vías. Le hacía sentirse reflexivo. ¿De qué tenía miedo? A ella le gustaba él más de lo que estaba dispuesta a admitir. Le gustaba lo suficiente como para tener relaciones con él. James sospechaba que le gustaba lo suficiente para soñar con él. Pero ella era mucho más honesta con él que consigo misma.

Al menos, parecía estar tan irritada como él lo estaba. Por debajo de la parte más alta del borde de su sombrero, ella dirigía su ceño fruncido hacia los húmedos campos que pasaban a través de la ventana. Incluso el pequeño pájaro que adornaba su sombrero parecía atrapado en algún complejo dilema; éste se sacudía como si estuviera a punto de revelar algo.

Quizá supiera lo que la afligía. Los comentarios de él la noche anterior la habían sorprendido; éstos habían alterado sus peores expectativas de él. Si él no fuera un infame seductor, sino un hombre con un genuino interés en ella, entonces su pequeña tentativa de jugar a la mujer licenciosa había fracasado. En resumen, ella había tenido relaciones con él por nada.

¡Dios!, era ridículo sentir esa sensación de… ¿dolor? Como un perrito al que han dado una patada, buscando un lugar tranquilo donde pensar y lamerse las heridas. Los placeres del sexo no garantizaban un sentimiento más profundo. Él debía saberlo mejor que ella. ¿Con cuántas mujeres se había acostado? Y ella había sido una virgen.

Sin embargo, parecía como si todo se hubiera confundido en su cabeza. Él podía decir el momento exacto en que había sucedido: había estado tratando de hablar de Stella, de esa maldita prisión en la que él vivía, del momento que él temía que vendría muy pronto, en el que se despertaría y descubriría que se había convertido en otra pieza más en el estúpido engranaje de la rutina social, tan desesperado como el resto. Y ella lo había besado, tan dulcemente. Como si ya conociera las palabras y quisiera evitarle el dolor de pronunciarlas. Aquel beso había tenido comprensión y compasión. O eso había pensado él.

 

De hecho, ella  había estado tratando de silenciarlo. No había querido confesiones. La intimidad no era su objetivo. Una pequeña risa se le escapo.

Soy un maldito idiota.

Descargar “Atrapada por su toque”, capitulo 13.

EL DUQUE DE LAS SOMBRAS

MEREDITH DURAN

Emmaline Martin viaja a la India junto con su familia para reunirse con su prometido, el coronel Marcus Lindley. Durante la travesía el barco naufraga y sus padres mueren, por lo que Emmaline se convierte en una rica heredera dispuesta a integrarse discretamente en la sociedad británica hindú. Sin embargo, Emmaline descubre que Marcus le está siendo infiel, y a partir de ese momento busca la ayuda de Julian Sinclair, heredero del duque de Auburn, el hombre en quien menos debe confiar pero al que no puede resistirse.

En Londres brindan con champán por Sinclair. En la India lo tachan de traidor. Sin embargo, Julian nunca hubiera imaginado que hallaría su hogar entre los brazos de una mujer de sonrisa tímida y ojos atormentados. En un tiempo de terrible oscuridad, él y Emma descubrirán que el amor puede ser peligroso, y que una simple decisión puede cambiar una vida para siempre.

Extracto capitulo 1

No lo haré”.

 Su propia voz le sonó extraña. Afónica y grave. Había traga­do mucha agua de mar. Le ardían la garganta y la nariz como si se las hubiera frotado con lejía. Tosió débilmente. Más allá del bote volcado, las olas danzaban hasta el horizonte en una línea infinita.

 Suéltate.

 Flexionó los dedos. La sensibilidad iba y venía. Rojos y agrie­tados por el sol, llevaban horas aferrados a la quilla de la lancha del capitán. Había conseguido subir el torso encima. Durante un rato, un hombre se había sujetado al otro lado: un compañero superviviente, que había saltado de la proa del vapor justo antes de que éste se hundiera y que había pensado que sería capaz de darle la vuelta al bote cuando el mar por fin se calmara.

Al final, ni siquiera había tenido tiempo de gritar. Una ola los había cubierto, y ella había luchado por no soltarse; cuando salió a la superficie, él ya no estaba.

Demasiado silencio después de él. El agua le salpicaba la es­palda. Un pez chapoteó. No había pájaros que volaran tan mar adentro. El cielo era azul y vacío, ferozmente azul. Los ojos le picaban al mirarlo.

¿No podría dejarse ir ya?

 Tragó. Le dolían los brazos, y también el estómago, de toser sacando agua. Pero la sed era sin duda lo peor. La tormenta se había abatido de una forma tan repentina… Los mástiles que­brándose. Mamá gritando.

Ahora, su madre y su padre la esperaban en el fondo.

 El océano también esperaba. Se enfurruñaba lentamente bajo el sol tropical; deslizarse en su interior no sería tan difícil. El calor era como una mano ardiente que le apretaba la espalda empujándole hacia abajo. No quedaba ni rastro del gran barco; nadie que contemplara esas aguas planas y vacías hubiera sospechado lo que había ocurrido allí. Nadie vendría a buscarla.

Pero sus manos se negaban a soltarse.

 Se las miró. Mamá les tenía un cariño especial; manos de pia­nista, las llamaba. La trementina te las estropeará. Usa guantes cuando pintes, Emmaline. No te destroces las manos antes de tu boda.

 Qué extraña le resultaba esa idea a Emma, eso de casarse. Espero una gran aventura, le había dicho al capitán la última noche durante la cena. Más tarde, en sus camarotes, sus padres la habían reprendido. Iba a Delhi a casarse; no debía hablar de ese viaje de un modo tan banal. Su prometido era un hombre de cierta importancia. Debía comportarse de acuerdo con su nueva situación.

 Una lágrima le cayó sobre el brazo desnudo. Más caliente que el sol y más salada que el agua del mar, le escoció sobre la abrasa­da piel. Siempre esas mismas palabras amables. Eres obstinada, querida. Debemos guiarte en esto. Estabas llamando la atención; tus comentarios eran inapropiados. Amablemente, sus padres la reprendían. Con mucha paciencia trataban de reconducir a su rebelde e indecorosa hija…

 El hombre había dicho que se podía dar la vuelta al bote. Ha­bía pensado hacerlo él mismo. Si un hombre podía hacerlo, ¿lo conseguiría una mujer? Respiró hondo y se subió más al casco.

 Los brazos le temblaron y ardieron por el esfuerzo mientras acer­caba lentamente las manos hacia el otro lado… más lejos, más le­jos aún.

Pero la distancia hasta el otro extremo del bote era demasiada. Le fallaron las fuerzas, y con un gruñido, dejó resbalar las manos hacia atrás.

De vuelta a donde había empezado. Cerró los ojos.

Las lágrimas le caían más rápido, pero no se soltaba.

Descargar “El duque de las sombras”, capitulos 1 al 7.

ATRAPADA POR SU TOQUE

MEREDITH DURAN

Extracto capitulo 12

No le permitió que la atrajera hacia adelante. La tormenta había accionado un impulso eléctrico que la movía a dar el paso de buena gana. Su chaqueta estaba fría y empapada. No le gustaba eso. Tenía que marcharse. Presiono sus manos por debajo de las solapas para esquivarlo. Golpeó el suelo con un ruido húmedo, fuerte, que le agrado. Su propia agresividad la complació. Estaba mareada, se sentía embriagada. Ella ciño sus bíceps tan fuerte que podía percibir lo impresionante que era, pero él no se quejo. ¿Le gustaba eso? Oh, a ella no le importaba. Esta inquietante, emocionante sensación que golpeaba a través de ella podría haber sido deseo, pero fácilmente podría ser ira. Lo único claro era que la había tenido mal, preocupándose por lo que revelaba de sí misma, de lo que él o cualquier otra persona podrían pensar de ella. No eran sus opiniones las que contaban. “No hago esto por ti”, dijo ella. “Lo hago por mí”.
Una breve vacilación. Y luego, en voz muy baja, él dijo, “Muy bien”.
Su boca se torció. Por supuesto que a él no le importaría. ¿Qué le importa si los motivos de ella eran egoístas? El hombre no podía ser herido, era inmune a la opinión de los demás. La opinión de ella no merecía más importancia que la de cualquier extraño que pasara. Por lo que él sabía, ella podría haberse acostado con cualquier hombre que la hubiera encontrado de manera casual esa noche. Ella estaba de buen ánimo, él estaba allí, era conveniente. Él no lo puso en duda. Y no debería importarle que él no demostrara preocupación.
Sus labios tocaron los de ella. Su calor la libero. Había estado fría sin darse cuenta. Se inclinó hacia él. Su lengua provocaba sus labios muy suavemente para su gusto. No era una niña asustada que necesitara atención. Comenzó a alejarse para hacer un comentario desagradable, pero el puño de él sujeto su cabello para mantenerla quieta. Ella jadeó mientras las alfileres que mantenían su cabello en su lugar caían libremente, tintineando sobre el piso. Su puño se tenso, sosteniéndola contra él mientras su beso se volvía apasionado. Sí, pensó ella, eso, él tomaba su boca como si lo hubiera hecho mil veces, como si no hubiera ya sitio para ningún miedo o incertidumbre, sólo el deseo de descubrir nuevos caminos, para generar algo que los sorprendería a los dos. Él siempre resultaba ser más inteligente de lo que ella se había imaginado.
Vagamente se dio cuenta que su mano libre estaba presionando su cintura, girándola como si fueran a bailar. Ella le había dicho la verdad: no le gustaba bailar. Los hombres suponían que una solterona buscaba emoción. Ellos la hacían girar exageradamente a través del piso. Una vez ella  se había caído, y, posteriormente, había declinado todas las invitaciones. La humillación hacía eco a través de ella ahora como una premonición. Se pondría en vergüenza, aquí. Cometería alguna equivocación.
Pero él no la besó como si pensara que era una solterona. Nunca lo había hecho. ¡Y dos veces con esta! ¡Incluso si se caía, no le importaba! Ella lo alentaría. Se retiro de sus brazos, sus pies se alejaron sin hacer ruido, ligeramente y con rapidez.  La lluvia, golpeteaba débilmente contra el techo, pero el aire dentro de este pequeño cobertizo se sentía saturado y pesado, cargado de expectativas. Había estado sorprendida, sentada a su lado en el museo, al darse cuenta de que le había estado coqueteando, pero sólo ahora, cuando ella había dejado atrás el coqueteo, se dio cuenta de su verdadera naturaleza. Era radiante, despreocupado y sin rumbo. Su retirada era demasiada deliberada para el coqueteo, el constante avance de él era demasiado absorto y en silencio. Ambos compartían un objetivo ahora, y lo perseguían con intenciones primarias. La expresión de él, en la penumbra, parecía seria, casi lúgubre. Ella no tenía ganas de sonreír mientras la pared tocaba sus omoplatos.
Las palmas de sus manos se ubicaron contra la pared, a ambos lados de la cabeza de ella. Por encima del hombro de él, la fila de ventanas inundaba de blanco la habitación, y el cielo más allá de ellos palidecía, revelando, durante un segundo, un banco de nubes en movimiento. Y luego la boca se dirigió a la suya. Ella buscó a tientas con una mano para encontrar la punta de su codo, dejando que llenara su palma como la lengua de él llenaba su boca. Su otra mano se curvo sobre la base de su cabeza. Fue inesperadamente suave, y una extraña ternura surgió en ella, bastante en desacuerdo con la fiereza de este beso.

Descargar “Atrapada por su toque””, capitulo 12.

NUEVE REGLAS QUE DEBEN ROMPERSE CUANDO TIENES UN ROMANCE CON UN LIBERTINO

SARAH MACLEAN

Extracto capitulo 6

Callie había pensado que esta noche sería diferente.

Ella había esperado que la fiesta de compromiso de Mariana y Rivington fuera perfecta. Y lo fue, cada centímetro de la habitación había sido pulida hasta que brilló, los pisos y ventanas, las enormes arañas de cristal y los apliques de la pared que contenían miles de titilantes velas, las columnas de mármol que se alineaban en un tramo de la habitación, evidenciando la característica más impresionante de Allendale House, un corredor en el piso superior que permitía la visión del salón de baile, el cual les permitía a los invitados que tuvieran necesidad de un respiro, encontrar uno sin tener que abandonar el salón de baile.

Ella había esperado que Mariana brillara, y lo hizo, una brillante joya del brazo de Rivington, girando a través de docenas de otras parejas en una entusiasta danza folclórica. Y los demás invitados parecían estar de acuerdo con Callie, estaban encantados de estar allí, en el primer evento importante de la temporada, la fiesta de Mariana y su duque. La sociedad se encontraba en su mejor momento, vestidos con lo último de la moda, ansiosos de ver y ser vistos por aquellos con quienes no se habían encontrado mientras estaban fuera de Londres, durante los meses de invierno.

Callie había imaginado que este baile sería especial para ambas hermanas Allendale.

Sin embargo, aquí estaba sentada, en los asientos para solteras. Como de costumbre.

Ella debería estar acostumbrada a eso, por supuesto, acostumbrada a ser ignorada y pasar el tiempo con el resto de las mujeres que estaban fuera de circulación. A decir verdad, en los primeros años, lo había preferido así. Las mujeres la habían aceptado en su grupo, amablemente haciéndole sitio en cualquier asiento que fuera destinado para las de su tipo. Callie había encontrado mucho más agradable observar la temporada que se desarrollaba, mientras se intercambiaban chismes con las mujeres mayores que incómodas permanecían al otro lado de la habitación esperando con paciencia que un joven caballero elegible les solicitara un baile.

Después de dos temporadas de cazadores de fortuna y viudos de edad avanzada, Callie le había dado la bienvenida a la compañía de las solteronas.

Y luego, se convirtió en una de ellas.

Ni siquiera estaba muy segura de cuándo o cómo había sucedido, pero había ocurrido. Y ahora, ella tenía muy pocas opciones en la materia.

Pero esta noche era la fiesta de compromiso de Mariana. Esta noche era el primer baile de Calpurnia desde que había comenzado a tachar desafíos de su lista. Y honestamente había pensado que esta noche las cosas podrían ser diferentes. Después de todo, como la elección obvia para dama de honor de la novia, ¿no merecía un reconocimiento especial en un evento totalmente planificado para celebrar las nupcias pendientes?

Viendo a los bailarines, ella soltó un pequeño suspiro. Evidentemente no.

“Oh, Calpurnia”. La señorita Genoveva Hetherington, una solterona de mediana edad con ojos amables y una total falta de sensibilidad, le dio ligeramente unas palmaditas en la rodilla a Callie con una mano enguantada de encaje. “Debe moverse más allá de eso, mi querida. Algunos de nosotros no estamos hechos para bailar”.

“En realidad no”. Las palabras fueron arrancadas de Callie, quien aprovechó la oportunidad para ponerse de pie y excusarse a sí misma. Sin duda que ese sería un curso de acción más preferible que estrangular a una de las solteras más queridas de la alta sociedad.

Manteniendo la cabeza baja para limitar el número de personas que ella podría verse en la necesidad de reconocer, Callie se dirigió a la habitación destinada para las bebidas.

Fue interceptada por el Barón Oxford a sólo unos metros de su destino. “¡Mi señora!”

Callie esbozo una resplandeciente sonrisa en el rostro y se volvió hacia el barón, quien le dirigió la sonrisa más dentuda, que ella hubiera visto nunca. Incapaz evitarlo, ella dio un pequeño paso hacia atrás para distanciarse del sonriente hombre. “Barón Oxford. ¡Qué sorpresa!”.

“Sí, prefiero suponer que así es”. Su sonrisa no vacilo.

Hizo una pausa, esperando que él continuara. Cuando no lo hizo, ella dijo, “Estoy feliz de ver que pudo unirse a nosotros esta noche”.
“No tan feliz como yo por haber logrado estar con usted, mi señora”.

El énfasis en su expresión envió una ola de confusión a través de Callie. ¿El barón tenía la intención de que sus palabras sonaran tan sugerentes? Seguramente no, teniendo en cuenta que Callie no podía recordar la última vez que había hablado con el incorregible dandy. Se aclaró la garganta con delicadeza. “Bueno. Gracias”.

“Se ve muy hermosa esta noche”. Oxford se inclino, y amplió su sonrisa. ¿Era posible que el hombre tuviera más que el número habitual de dientes?

“Oh”. Tardíamente, Callie recordó inclinar la cabeza y parecer halagada en lugar de completamente desconcertada. “Gracias, mi señor”.

Oxford parecía totalmente orgulloso de sí mismo. “¿Quizás usted me haría el honor de un baile?”.  Cuando ella no respondió de inmediato, él levantó la mano de ella hasta sus labios y bajó la voz añadiendo. “He tenido la intención de pedírselo durante toda la noche”.

La interacción inesperada impido que Callie lo siguiera muy de cerca. ¿Estaría borracho?

A medida que consideraba la ansiosa invitación, Callie escucho la orquesta tocando las primeras notas de un vals e inmediatamente se resistió a la idea de bailar con Oxford. El vals no había llegado a Inglaterra hasta después de que Callie había sido etiquetada como una soltera, y ella nunca había tenido la oportunidad de bailarlo, al menos, no con alguien más que Benedick en la intimidad de su hogar. Ella ciertamente no quería que su primer vals en público fuera con Oxford, sonriendo como un tonto. Dirigió una rápida mirada hacia la habitación de las bebidas, considerándola su mejor vía de escape.

“Oh. Bueno. Yo…”, dijo ella evitando dar una respuesta directa.

“¡Calpurnia! ¡Allí está usted!”. La señorita Heloise Parkthwaite, de unos cincuenta años y muy corta de vista, salió de la nada para sujetar el brazo de Callie. “¡He estado buscándola por todas partes! Sea amable y escólteme para reparar mi dobladillo, ¿lo haría?”.

Una oleada de alivio recorrió a Callie, ella fue salvada. “Por supuesto, Heloise, querida”, dijo. Apartando su mano de las garras de Oxford, le ofreció una arrepentida sonrisa en su dirección. “¿Tal vez en otra ocasión, mi señor?”

Descargar “Nueve reglas que deben romperse para tener un romance con un libertino”, capitulo 6.

PECADO Y RENDICION

JULIA LATHAM

Extracto capitulo 3

A la mañana siguiente, Juliana fue enviada para que trajese a Paul a casa de la Liga. Ella montó su caballo a través de Ludgate, la antigua puerta occidental de la ciudad, y por la calle Fleet, hasta que ésta dio paso a Strand, siguiendo el  Támesis. Encajonadas casas dieron paso a palacios a lo largo del camino de Westminster, cada uno con su propio acceso al río.

Dejó su caballo para caminar, sin sentir gran urgencia. Aún era temprano, y el intenso tráfico de caballos y carruajes, gente y los carros se oían más allá de donde ella se encontraba, en dirección opuesta a la entrada de la ciudad, sin salir de ésta.

Este era su último día como ella misma. Con el cabello apartado de la cara, vestida con una simple túnica con cinturón, pantalones y un sombrero de hombre, no atraía la atención. La mayoría pensaría que ella era sólo algún muchacho cumpliendo los encargos de su amo. Le gustaba darle a la gente una impresión diferente de sí misma, una habilidad que había aprendido muy bien en su educación, si la expresión de Paul el día anterior era alguna prueba.

En un primer momento había estado feliz por haberlo dejado momentáneamente sin habla. Los otros hombres se habían quedado mudos también, y a ella eso no le había gustado tanto. Había pasado los últimos años convenciéndolos  a todos que era una de ellos, una talentosa recluta, más un Bladesman que una Bladeswoman. Nadie había insistido alguna vez en que ocultara su sexo, simplemente ella había sentido que podría realizar su trabajo con más eficacia cuando pasaba inadvertida. Ella había sido entrenada para ser una mujer, incluso sexualmente bien informada, pero rara vez se sentía como tal. Sólo una parte de ella actuaba, no la verdadera Juliana.

Por supuesto que se había vestido de mujer en misiones anteriores, pero nada tan abiertamente carnal y sensual. Se había sentido incómoda por inspirar la lujuria de los hombres, aunque ella no había demostrado esa revelación a sus compañeros Bladesmen. No tenía necesidad de preguntar lo que pensaban de ella. Su dedicación era entendida. Tomaría esta nueva etapa con calma, actuando y pretendiendo ser una cosa en la superficie, y siendo ella misma por debajo.

Al fin llego a Keswick House, la casa del hermano de Paul, el conde. Altas paredes rodeaban el patio, pero por dentro era un palacio de ventanas incrustadas en las antiguas murallas. Ella conocía la verdadera belleza de la casa que se encontraba frente al Támesis, en la calle principal de Londres.

Un criado le señalo el hall de entrada, con sus paneles oscuros y el escudo de armas de Keswick. Ella esperaba ser conducida de inmediato donde Paul, pero en lugar de eso, la acompaño a una retirada habitación amueblada con una mesa grande y suficientes sillas para acomodar a treinta personas. Ella no creía que el sirviente se hubiera percatado de que la habitación estaba ocupada. Juliana permaneció con torpeza en la puerta y esperó. Dos mujeres permanecían junto a uno de los armarios, sacando un plato dorado. Ambas eran de estatura mucho más baja que Juliana. Una tenía el pelo castaño, y caminaba de manera vacilante cuando avanzo detrás de la otra por otro plato. El cabello de la segunda mujer era una masa de rizos rojizos en el calor de agosto, y las pecas que cubrían su rostro.

La observaron y vacilaron. Juliana se preguntó por qué había sido acompañada a una habitación donde las sirvientas estaban ocupadas trabajando, pero ella no hizo preguntas.

Deben de haber pensado que ella no podía oírlas, porque una murmuró a la otra, “Paul estaba seguro de que iban a enviar a una mujer a buscarlo”

“Dijo que estaba esperando eso”.

Estas mujeres lo llamaban por su nombre de pila, no podían ser sirvientas.

Se quito el sombrero de su cabeza y dio un paso adelante. “Mi señora, yo soy la señora Juliana, vengo por Sir Paul, como él supuso”.

Ellas se quedaron inmóviles, una plato a medio paso entre ellas. A continuación, la mujer de cabello castaño se rió, mientras dejaba los platos y se limpiaba las manos en un delantal. Fue entonces cuando Juliana se dio cuenta de la ligera curva de su embarazo.

“Señora Juliana, perdóneme. Su aspecto me engañó”.

“A menudo es así”, dijo Juliana con tristeza.

“Soy Lady Keswick, pero me llaman Florrie. Te llamare por tu nombre de pila también”

Sorprendida de haber sido tan grosera con la condesa, Juliana se inclino en una reverencia que habría hecho sentirse orgullosa a su madre. “Mi señora, perdone mi descortesía”.  Ella sabía que Lady Keswick era de noble cuna, la hija de un marqués.

Lady Keswick extendió sus manos y se dirigió hacia ella. “Dios mío, Juliana, no te preocupes. Parece que todas nos malinterpretamos unas a otras. Permítame presentarle a mi nueva cuñada, la señora Sarah Hilliard”.

La mujer pelirroja sonrió y miró abiertamente a Juliana de arriba a abajo. “Entonces usted es la dama que Paul menciono”

Juliana echó un vistazo a sus prendas. “Puede parecer difícil de creer en este momento, pero sí, es cierto”

“Felicidades por ser un miembro de la Liga”, dijo Lady Keswick, su voz llena de admiración.

La sonrisa de Juliana se desvaneció rápidamente. ¿Ellas sabían?

“¡Dios mío, usted sabe que no debemos hablar estas cosas en voz alta”, murmuró la señora Hilliard, dándole un codazo a su señoría.

“Pero…” Juliana comenzó de manera vacilante, “su marido nunca debería haber…”. Luego se interrumpió, dándose cuenta de que estaba hablando de un conde.

Descargar “Pecado y rendición”, capitulo 3.



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